lunes, 7 de julio de 2014

Fragmento de Tiempo Pasado de Beatriz Sarlo

Artículo de Jorge Luis Borges sobre la Argentina

http://www.elhistoriador.com.ar/documentos/miscelaneas/jorge_luis_borges_sobre_la_argentina.php

Las partes del todo

    Por Celina Bustamante

   Estamos transitando el Mundial Brasil 2014 y nos encontramos con una reafirmación de la figura del ser argentino, con sentimientos encontrados, emociones y orgullo partido a partido, enojos e ilusiones. Vemos publicidades que nos dicen cómo somos, dicen que tomamos mate, comemos asado y nos gusta el vino, que tenemos pasión y que con mucho esfuerzo lograremos cumplir el sueño.  En las banderas argentinas aparecen la figura de Maradona, Messi y el Papa Francisco, quienes suponemos son nuestros mayores representantes. Pero, ¿es eso lo que somos? ¿Publicidades, banderas y momentos de ocio? ¿Construimos nuestras creencias, forjamos nuestras personalidades y comprendemos a la sociedad en base a estos elementos?  
   Creo que para poder realmente desmenuzar y definir al ser argentino es necesario analizar su historia, nuestra historia, recordar y entender los procesos que nos afectaron para comprender lo que somos hoy. En la escuela aprendemos sobre próceres, nuestra independencia, recortamos de las revistas a San Martín cruzando Los Andes, Belgrano haciendo la bandera y Sarmiento enseñando; conocemos nuestra geografía y cómo cambia a lo largo y ancho del país pero, es recién en nuestra juventud o adultez que entendemos qué significan estos procesos.
   Es necesario comprender y analizar lo que pasó para dar cuenta de lo que pasa. Beatriz Sarlo explica en su libro Tiempo Pasado: “Es más importante entender que recordar, aunque para entender sea preciso, también, recordar”. Con esto la escritora intenta revalorizar la importancia de recordar en tanto entendamos qué sucedió. La sociedad argentina de hoy no sería la misma sin las masivas inmigraciones, sin la campaña al desierto, sin los gobiernos de facto y el terrorismo de estado. Las crisis dejan huellas que todavía hoy presenciamos, que todavía hoy vivimos y es fundamental entender que el ser argentino es aquel y es este, es el todo y es el todo por sus partes. 
   Sarlo también afirma: “Del pasado no se prescinde por el ejercicio de la decisión ni de la inteligencia; tampoco se lo convoca simplemente  por un acto de la voluntad (…) Proponerse no recordar es como proponerse no percibir un olor, porque el recuerdo, como el olor, asalta, incluso cuando no es convocado. Llegado de no se sabe dónde, el recuerdo no permite que se lo desplace; por el contrario, obliga a una persecución, ya que nunca está completo. El recuerdo insiste porque, en un punto, es soberano e incontrolable”.
   En nuestra historia hubo una época en la que se intentó eliminar el recuerdo. Durante las dictaduras militares de las décadas del sesenta y setenta se intentó “desperonizar el país” y “eliminar a los subversivos” como si ello fuera sencillo. Lo implementaron eliminando los nombres Eva y Perón de los libros de textos, las calles o plazas y los cánticos; formaron comisiones investigadoras abocadas a identificar a los seguidores del peronismo y liberaron a los presos políticos recibiéndolos como héroes. Más tarde recurrieron a la eliminación física de los llamados subversivos a partir del asesinato, tortura y desaparición de los mismos.
Lo que no entendieron estos señores o no quisieron entender, es que no se pueden borrar los recuerdos, que la historia ya se escribió y no por eliminar a cientos y miles de ciudadanos o prohibir palabras y agrupaciones se olvidarán como por arte de magia de procesos políticos y sociales fundamentales para el país. Por eso el ser argentino hoy tiene memoria, tiene secuelas, tiene un pasado del cual intentaron obligarlo a olvidarse y del que hoy tiene como premisa fundamental no olvidar. 
   No podemos elegir que recordar y qué no, pero sí que entender y que no. El pasado está siempre allí y conocerlo significa conocernos.  La historia la hacen los hombres, la escriben los vencedores dicen, pero sin embargo, hoy nos encontramos con muchas reivindicaciones en materia de memoria. Se revalorizaron los relatos en primera persona, los testimonios. En relación a esto Sarlo explica: “Son versiones que se sostienen en la esfera pública porque parecen responder plenamente a preguntas sobre el pasado. Aseguran un sentido, y por eso pueden ofrecer consuelo o sostener la acción”.
   La escritora hace énfasis en un reordenamiento ideológico y conceptual de la sociedad del pasado y sus personajes, que se concentra en los derechos y la verdad de la subjetividad. Habla de una etapa posterior de reconstrucción de estas décadas, en las que retorna la razón del sujeto que antes transitaba la “falsa conciencia” e ignoraba las subjetividades a su alrededor.
   Y agrega: “La historia oral y el testimonio han devuelto la confianza a esa primera persona que narra su vida para conservar el recuerdo o para reparar una identidad lastimada”. Se pone en el tapete nuevamente al ciudadano como eje central en la conformación del ser argentino y la identidad argentina, se intenta reconstruir y trabajar sobre esos años en los que pensar costaba la vida y para ello se utiliza el testimonio. 
Retomando la idea de historia, Jorge Luis Borges afirma que “es un acontecimiento presente, es el tiempo mortal de nuestra substancia, no un frígido y tedioso museo de aniversarios y de láminas”. El escritor hace énfasis en que la historia no es inmóvil, se encuentra en constante cambio y de estas transformaciones es que se a forjando el ser argentino.
   En cuanto a esta noción Borges expresa: “Creo que tenemos algún derecho a la esperanza. Del más despoblado y perdido de los territorios del poder español, hicimos la primera de las repúblicas latinoamericanas; derrotamos al invasor inglés, al castellano, al brasileño, al paraguayo, al indio y al gaucho, que luego elevaríamos a mito, y llegamos a ser un honesto país de clase media y de sangre europea. Carecemos o casi carecemos (loados sean los números bienhechores) de la fascinación del color local, propicia al turismo.”
   Enumera una serie de aciertos que transcurrieron a lo largo de la historia argentina que fueron causas de procesos posteriores, pero deja entrever que casi carecemos de apreciar lo nuestro, el “color local”. Y es que parte de nuestro ser argentino es aquella noción absurda de pensar que tenemos que llegar a ser como alguien, que somos los subdesarrollados y tenemos que llegar a ser desarrollados. Esa concepción de la década del noventa en la que se importaba todo y no se producía nada, en la que la posibilidad de viajar al exterior significaba un menosprecio a los lugares turísticos dentro del territorio nacional. Esa época en la que, tras la crisis del 2001, la identidad quedó hecha trizas y se tuvo que ir forjando poco a poco hasta el día de hoy.
   Creo que logramos lentamente cambiar la mirada en los últimos años, valorizar la memoria entendiendo que todo aquello es parte de nosotros y se reproduce todos los días en la sociedad. Resulta muy complejo y casi imposible llegar a una definición concreta del ser argentino ya que no es un concepto estático pero, creo que la mayor aproximación posible se logra recapitulando la historia, no sólo a partir de los libros, sino de los testimonios, desde los relatos de vida; recordando y entendiendo el pasado, teniendo en cuenta que cada uno de esos procesos nos afectó y nos afecta individual y colectivamente.

   Finalmente, no sabemos lo que somos, somos el todo y sus partes, somos el mate, el tango y el vino, somos las revoluciones, guerras y crisis, somos los gobiernos democráticos y de facto. Somos la clase obrera, la burguesía y las elites privilegiadas. Cada uno forma una parte de este todo que es el ser argentino, que nos identifica de maneras muy diversas pero que responde a lo mismo. Está en nosotros entender y recordar esa historia para comprender finalmente qué somos

"Vivo en Argentina"


De qué hablar cuando hablamos de identidades

    Por Jorgelina Macchiarelli

  El fútbol es un deporte popular con alcance mundial; a partir de él se pueden crear identificaciones que se dan en base a la diferenciación con otras culturas o países. La unidad se marca desde la desigualdad, desde la diferencia y a partir de eso se hace visible una especie de identidad o nacionalidad.
      Hay que tener presente que el mundo se mueve dentro del capitalismo y que el fútbol es parte de su circuito, por ende, es un deporte que se usa para obtener mercancías. Por otro lado, al ser masivo, tiene la posibilidad de crear identidades que parten de la cancha y tienen alcance social nacional.
     En varias ocasiones los argentinos suelen diferenciarse de los europeos en materia deporte porque dicen que los segundos son menos expresivos y “pasionales”, y ahí entra en juego otra de las palabras usadas para calificar al argentino o al hincha argentino. ¿La pasión es la esencia del hincha?
     En una entrevista realizada a Eduardo Sacheri, en la Televisión Pública, en el programa “Vivo en Argentina” se le preguntó al autor cómo influía el fútbol en su vida, a lo que respondió que para él es una huella de identidad porque se juega desde chico, porque se habla de eso y lo usa como metáfora para hablar de cosas más importantes.
     En ese mismo programa se realizaron pequeñas encuestas a gente que transitaba por la calle y todos respondieron que el fútbol era una “pasión” excepto una chica que dijo que sólo era violencia y apuestas. Lo que dejó en claro ese segmento fue que quizás no para todos es una pasión pero sí para el general de la población, teniendo en cuenta también las movilizaciones que se hacen cada vez que se juega un superclásico o el clásico platense si nos situamos en la Ciudad de La Plata.
     Por ende, se podría decir que las empresas hacen sus negocios a partir de la clara admisión de la gente al fútbol. Al notar que es un deporte popular que tiene alcance a todos los estratos sociales, porque no es necesario ser de clase alta para ir a una plaza a jugar con amigos, las empresas se mueven con comodidad.
     Cuando se habla de mercado no se hace referencia a un monstruo que intenta deglutir a la economía de la población sino que hace su tarea e intenta llegar a la mayor cantidad posible de personas, siguiendo la lógica capitalista: hacer dinero.
     Entonces, retomando la pregunta ¿El hincha es pasional o se le ha inculcado esa idea? Si se mencionan algunos escritores como, por ejemplo, Eduardo Galeano, Roberto Fontanarrosa y Osvaldo Soriano se hace notoria la redacción desde el lado del hincha y la emoción con que esas líneas fueron escritas, incluso cuando no se habla de un equipo afín a los autores.
     Roberto Fontanarrosa utiliza, en algunos de sus cuentos, más preferentemente en los que hablan de fútbol, la primera persona para redactar. Eduardo Sacheri también la usa y justamente es la persona que más interpela al lector mientras lee porque la involucra en el relato, la hace cómplice y le da importancia en la historia. La interpelación, sumada con la empatía que el lector sienta por el fútbol, crea una atmósfera donde ambos, el lector y el autor, se sitúan en el rol del hincha.
En la entrevista del programa “Vivo en Argentina” Eduardo Sacheri dice que el fútbol es un buen camino literario para hablar de temáticas difíciles o más complejas, lo que se refleja en sus relatos, por ejemplo “Frío” donde se cuenta la vida de un ex combatiente de Malvinas. El personaje principal, que relata el cuento, es un ex oficial de Malvinas que conoció a “El rubio”, un soldado, mientras jugaba al fútbol con los otros soldados, y a partir de ahí desarrolla la historia que culmina con la muerte del joven en base a su valentía de quedarse defendiendo su nación mientras los oficiales y los que ocupaban cargos más altos volvían a Argentina.
     Sacheri escribe desde el rol del hincha y por eso sabe lo que debe o no debe mencionar en sus relatos, si es que busca la adhesión de los lectores fanáticos del fútbol. Sus relatos no son inocentes, así como ningún relato lo es, todos constan de discursos o ideales que tarde o temprano se hacen visibles y no pueden mantenerse ocultos durante más de dos cuentos.
    La lógica del mercado acompaña el pensamiento del autor, que si bien en una entrevista hecha en el programa radial “Perros de la calle” menciona que le gusta escribir y le resulta fácil moverse en el ámbito del fútbol, le gratifica que además de ser leído, se obtenga alguna ganancia. Por eso, en esa misma entrevista, el autor bromea todo el tiempo con que lean el libro que había ido a presentar, llamado “Papeles en el viento”, y también los demás.
     Lo cierto es que sería forzado intentar decir que el argentino no es efusivo en varios aspectos, ya que diariamente se refleja en la calle y de un modo más intenso en la cancha, donde se ponen en juego categorías, puntos y orgullo. Si bien no sólo se debe definir al argentino con pocas palabras tales como “Maradona, mate, tango y gaucho” porque todas ellas tienen un trasfondo y una historia, sí es propicio reconocer que en general tiene formas de actuar que se repiten y heredan.
     En la publicidad de la yerba “Taragüí” se nombra la frase “Tomar mate” cada vez que los jugadores de la selección terminan de hacer algo: “Concentran, toman mate; ganan un partido, toman mate” y es un poco básica y limitada la definición de lo que es el argentino en sí, sin embargo, hay que tener en cuenta que es una marca de yerba y debe acotar su contexto a lo que quiere vender.
     Lo mismo sucede con Eduardo Sacheri, que escribe de fútbol y relaciones cotidianas de amistad y amor, en cuanto a sus relatos: la corta extensión que suele usar en sus cuentos y la intención del mismo de no producir un relato complejo, no le permite ampliar o explicar el contexto donde los enmarca porque se saldría de su estilo, desestructurado, y se metería en un terreno que pide un compromiso social que él no tiene intención de abarcar. 
   Sacheri crea identificación, a partir de sus cuentos, por el lenguaje sencillo que usa y las temáticas llanas que presenta al lector, parte de la definición del ser argentino, que no es amplia, pero al ser acotada y menos intrincada es tomada por la mayor cantidad de personas, apropiada y reproducida. Esto que sucede con Sacheri también pasa con otras definiciones del argentino tipo que, al no saber definirse, toma las definiciones que, le parece, encuadran más con su forma de ser.

     El hincha quizás sea pasional y efusivo, quizás no. Lo que Sacheri refleja es que sí, lo que Fontanarrosa refleja es que sí, y quizás porque ambos sienten al fútbol de una manera particular y más sentimental. Lo que es cierto es que ambos tienen una gran cantidad de lectores que adhieren a su pensamiento y si bien “el hincha pasional” no sea la característica única del argentino, sí es una de las distintivas. 

Muerte del hincha en Lanús


El secreto de sus ojos - La pasión


El fútbol y la pasión irracional



   

 Los cuentos de  Eduardo Sacheri son característicos por un elemento en común: el fútbol. El deporte más popular del país aparece directa o indirectamente en sus relatos, ya sea representando el juego en sí o las prácticas que se realizan a su entorno.           
   Los hábitos que se tejen a través de un partido son la principal característica de las leyendas que construye Sacheri.  La historia no  son necesariamente de este juego: desde los vínculos que se forman en torno a la pelota, los ritos, los códigos, las cábalas, el amor a un equipo de fútbol, lo anecdótico hasta un crimen.                                             
   Así es como sucede en “El secreto de sus ojos”, una película que se basa en la novela “El milagro de sus ojos” de Sacheri. En esta historia es destacable la escena en que el personaje Sandoval, borracho en el bar, descubre el significado de las cartas escritas en código por el asesino de la joven Liliana Colotto.           
   En esa toma son relevantes las palabras que Sandoval narra: “El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios. Pero hay una cosa que no puede cambiar… no puede cambiar de pasión.”                                       
   La pasión es una condición que aparece detrás de cada relato futbolístico. Actualmente en Argentina está prohibido el ingreso de hinchas visitantes en los estadios ¿Qué tiene que ver esto? Está relacionado con la pasión irracional y delictiva de aquellos hinchas fanáticos organizados denominados como “la barra brava”. 
   Pabo Alabarces[1] menciona que este grupo constituye una comunidad de pertenencia que se define por la posesión del “aguante”. Él explica que para las  hinchadas, el aguante funciona como un sistema de honra y prestigio vinculado indefectiblemente a los enfrentamientos físicos.
La circunstancia que desde mitad de 2013 sólo esté permitido el público local determina  la irracionalidad de este “aguante”. Sin intentar generalizar, pero inevitable que la violencia de unos pocos determine la asistencia para ver un evento de fútbol, estorba la posibilidad  de que todos puedan seguir al equipo más allá.                                      
Las canchas en Argentina ocupan un lugar de “descargo” donde la moral queda en la vereda y que con la calidez de la tribuna, los hinchas potencian su pasión y parece que se olvidan del respeto. Así sucede que se dice lo que se cante sin ningún patrón de racionalidad, cuando las actitudes y los cantos exceden los límites del folklore.
   “Toda acción violenta, y en particular la violencia protagonizada en el ámbito del fútbol, es concebida comúnmente como una señal de irracionalidad, barbarie y salvajismo desde el sentido común hegemónico. Cuando estos hechos aparecen en los medios de comunicación, sus actores son observados y descriptos como “salvajes”,“bárbaros” o como “los inadaptados de siempre””, explica Alabarces.
   Dejando de lado la complejidad del tema que tiene que ver con las negociaciones de los hinchas con los directivos de los clubes como la complicidad policial, pero no ajena a la actualidad.  Es una realidad que el año pasado hubo 13 muertes por la violencia ya sea entre distintas barras, dentro de la misma hinchada o con la policía.                        
   El fútbol es el deporte que más convoca, que más apasiona y une en el país.  Que los  distintos colores de las camisetas o las corrupciones lo manchen con muertes y violencia es absurdo. Es necesario crear  políticas serias de  planificación y  reeducación para revertir estas fatalidades, regresar a las canchas y volver a vivenciar la familiaridad de las tribunas.







[1] Pabo Alabarces es un sociólogo especializado en culturas populares. Él escribió "Crónicas del aguante. Fútbol, violencia y política